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Devocional Spurgeon Lecturas Matutinas y Vespertinas

Lee el clásico devocional diario de Charles Spurgeon, con lecturas inspiradoras para la mañana y la tarde.

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"Tú has hecho el verano y el invierno". — Salmo 74:17

Alma mía comienza este mes invernal con tu Dios. Las nieves frías y los vientos penetrantes te recuerdan que Él guarda Su pacto con el día y la noche, y tienden a asegurarte que Él también guardará ese glorioso pacto que ha hecho contigo en la persona de Cristo Jesús. Aquel que es fiel a Su Palabra en los cambios de las estaciones de este pobre mundo contaminado por el pecado, no resultará infiel en sus tratos con Su propio y amado Hijo.

El invierno en el alma no es en modo alguno una estación cómoda, y si te llega ahora mismo te resultará muy doloroso; pero existe este consuelo, a saber, que el Señor lo hace. Él envía las agudas ráfagas de la adversidad para cortar los brotes de la expectativa: Él esparce la escarcha como cenizas sobre los prados alguna vez verdes de nuestro gozo: Él arroja Su hielo como bocados que congelan las corrientes de nuestro deleite. Él lo hace todo, es el gran Rey del Invierno y gobierna en los reinos de las heladas y, por lo tanto, no puedes murmurar. Las pérdidas, las cruces, la pesadez, las enfermedades, la pobreza y mil otros males, son enviados por el Señor y vienen a nosotros con sabio designio. Las heladas matan insectos nocivos y ponen freno a enfermedades devastadoras; rompen los terrones y endulzan el alma. ¡Oh, que tan buenos resultados siguieran siempre a nuestros inviernos de aflicción!

¡Cómo apreciamos el fuego ahora mismo! ¡Qué agradable es su alegre resplandor! De la misma manera valoremos a nuestro Señor, quien es la fuente constante de calidez y consuelo en todo momento de dificultad. Acerquémonos a Él, y en Él encontremos gozo y paz al creer. Envolvámonos en las prendas cálidas de sus promesas y emprendamos labores propias de la estación, porque sería malo ser como el perezoso que no quiere arar a causa del frío; porque en verano mendigará y no tendrá nada.

— Charles Haddon Spurgeon (1834–1892) · Texto de dominio público