Devocional Spurgeon Lecturas Matutinas y Vespertinas
Lee el clásico devocional diario de Charles Spurgeon, con lecturas inspiradoras para la mañana y la tarde.
"El Señor mira desde el cielo; contempla a todos los hijos de los hombres". — Salmo 33:13
Quizás ninguna figura retórica represente a Dios bajo una luz más llena de gracia que cuando se habla de Él inclinándose de Su trono y descendiendo del cielo para atender las necesidades y contemplar los males de la humanidad. Amamos a Aquel que, cuando Sodoma y Gomorra estaban llenas de iniquidad, no quiso destruir esas ciudades hasta que las hubiera visitado personalmente. No podemos evitar derramar nuestro corazón con afecto por nuestro Señor, quien inclina su oído desde la más alta gloria y lo acerca al labio del pecador moribundo, cuyo corazón desfallecido anhela la reconciliación. ¿Cómo podemos no amarlo cuando sabemos que Él cuenta hasta los mismos cabellos de nuestra cabeza, marca nuestro camino y ordena nuestros caminos? Esta gran verdad se acerca especialmente a nuestro corazón cuando recordamos cuán atento está Él, no solo a los intereses temporales de Sus criaturas, sino también a sus preocupaciones espirituales. Aunque hay leguas de distancia entre la criatura finita y el Creador infinito, existen vínculos que unen a ambos. Cuando llores una lágrima, no pienses que Dios no mira; porque, "Como un padre se compadece de sus hijos, así se compadece el Señor de los que le temen". Tu suspiro puede conmover el corazón de Jehová; tu susurro puede inclinar su oído hacia ti; tu oración puede detener su mano; tu fe puede mover su brazo. No penséis que Dios está sentado en las alturas sin teneros en cuenta. Recuerda que por muy pobre y necesitado que seas, el Señor piensa en ti. Porque los ojos del Señor recorren toda la tierra, para mostrarse fuerte en favor de aquellos cuyo corazón es perfecto para con él.
¡Oh! luego repite la verdad que nunca cansa; Ningún Dios es como el Dios que mi alma desea; Aquel ante cuya voz tiembla el cielo, también Él, Grande como es Él, sabe inclinarse ante mí.
— Charles Haddon Spurgeon (1834–1892) · Texto de dominio público